lunes, 27 de agosto de 2012

La hija del Pecado- La furia de Burt Lancaster y la gélida Lizabeth Scott

 


La hija del pecado


    Ficha de la película

    • Año: 1947
    • Género: Drama
    • País: Estados Unidos
    • Formato: Color
    • Duración: minutos
    • Título Original: Desert Fury

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    Sinopsis
    Con él llegó la violencia

    Producida por Hal B. Wallis para Paramount Pictures, se trata de un interesante melodrama en color, basado en la novela “Desert Town”, de Ramona Stewart, convertida en guión por Robert Rossen. Su trama sucede en la ciudad de Chuckawalla, en Nevada, donde una mujer (Lizabeth Scott) se enamora de un hombre (John Hodiak) sospechoso de haber matado a su primera esposa. El sheriff del lugar (Burt Lancaster), antiguo novio de la chica, entrará en el juego provocando una vorágine de violencia imposible de controlar.
    Antes de repetir en Al volver a la vida (1948), La hija del pecado fue la primera película que unió a Lancaster y Lizabeth Scott, una rubia de voz profunda y belleza pétrea que aquí luce un “look” sencillamente espectacular.

    Paula Haller es la hija rebelde de la dueña de una casa de apuestas, Fritzie Haller. A pesar que parezca difícil de creer, Fritzie está dispuesta a que su hija no crezca como una mujer "de vergüenza", pero se da cuenta de que su lucha es vana.

    Eddie Bendix es un jugador mafioso que intenta aprovecharse de la fascinación de Paula hacia sus ganancias. Sin embargo, el agente de la ley Tom Hanson intenta ayudar a la chica para que no sucumba a las maquinaciones de Bendix y su socio Johnny Ryan.



    Intérpretes

    ActorPersonaje
    John HodiakEddie Bendix
    Lizabeth ScottPaula Haller
    Burt LancasterTom Hanson
    Wendell CoreyJohnny Ryan
    ActorPersonaje
    Mary AstorFritzi Haller
    Kristine MillerClaire Lindquist
    William HarriganJudge Berle Lindquist
    James FlavinSheriff Pat Johnson

     

    viernes, 24 de agosto de 2012

    Un lugar bajo el sol-El fatum del destino siempre nos alcanza

    Adaptación de "Una tragedia americana", la famosa novela de Dreiser. George Eastman (Montgomery Clift), un joven sin recursos, consigue un trabajo gracias a un pariente lejano, el rico industrial Charles Eastman (Herbert Heyes). A pesar del parentesco, Eastman le asigna a George un modesto trabajo en su fábrica y le impide la entrada en su círculo social. A pesar de ello, el joven conoce a Ángela Vickens (Elizabeth Taylor), una bellísima aristócrata de la que se enamora. Pero George tiene novia, una humilde empleada de la fábrica, razón por la cual tendrá que afrontar un espinoso dilema moral.

    martes, 14 de agosto de 2012

    Opening Night- Jhon Cassavettes-El padre del cine indie

                 

                 Una mujer bajo la influencia del terror a la vejez y la soledad


       El aterrador paso de la vida. El miedo a la pérdida de la belleza, de la luz. Esa es la médula de ésta película del padre del cine indie norteamericano John Cassavettes. De la mano de su icono, actriz fetiche, esposa y confidente, la maravillosa y fuerza de la naturaleza que es Geena Rowland, Cassavettes dibuja, un en ocasiones patético retrato de una actriz que comienza a sentir en el estómago y en la sangre la cárcoma que nos vas destruyendo a todos. Y como el clásico de Bogard, contra más alto estás, más dura será la caida. Rowland una brillante actriz y prometedora alcohólica (impagable el piropo que le dedica el atrezzista: " He visto a muchos borrachos, pero a ninguno mantenerse tan bien en pie como usted.." ); ve morir a las puertas del teatro donde representa su obra, a una adolescente que pocos minutos antes, le ha profesado una admiración sin límites. Bajo una intensa lluvia es atropellada, cuando las huellas de sus besos aún están impresas en el cristal mojado de la lujosa limusina que transporta a la diva, al director de la obra, a la autora y al productor. Desde la comodidad de su habitáculo todos la ven tendida en la carretera, inconsciente, abandonada a su suerte, pero ninguno hace nada por ir a socorrerla. Tan sólo la actriz admirada por la chica trata de ir en su ayuda, pero es detenida por los demás. No ver, no mirar atrás, esa es la consigna. Pero la muerte de este chica, será el cancer que corroerá sus vidas y en especial, la de la actriz. A partir de aquí, el alcohol, una sexualidad sin bridas, en el marco de una inhóspita suite de hotel, en donde se podría por su tamaño jugar un partido de baloncesto, y que acentua la soledad de la protagonista, serán el inhóspito paraje y camino, por que el caminará esta actriz, que jugando con el título de otra de las grandes películas de Cassavettes, deambula por el alambre de una mujer bajo la influencia de la mortalidad , la vejez, y la soledad.
        (Juan Manuel Miranda)

    lunes, 13 de agosto de 2012



    Wim Wenders, no apartes de mí este cáliz

    Wim Wenders, no apartes de mí este cáliz, el licor de la vida herida de tus imágenes icónicas (cometo la redundancia intencionadamente). Los ojos hipnóticamente perdidos en la inmensa llanura del oeste americano, buscando el destino imposible, el sueño inalcanzable, la parcela donde padre y madre hicieron el amor por primera vez.
    Sí, buscando París-Texas, las pupilas siguiendo una línea férrea que no lleva a ningún destino, salvo quizás al cielo, al amor, o la muerte. Las cabinas de conversaciones anónimas, para aliviar el pájaro doliente de la soledad, posado en los corazones.
    Una historia de amor rememorada, poco a poco, desgranada en palabras exactas, como gotas de lluvia bajo un cielo soleado, hasta verter las lágrimas de la mujer al otro lado del cristal....¿Travis eres tú Travis...? ¿Dónde está Hunter...?. La reunión de madre e hijo, y el adiós del hombre, entre la poesía eléctrica de la velocidad de una autopista, a la salida de Dallas... Los ángeles custodios, bondadosos, compasivamente dolientes, desde su altura, de la desdicha del hombre y la mujer corrientes. Tan a pié de tierra, que les late el alma, apenas a unos centímetros de su propio miedo. Angeles que se enamoran, arcángeles que se humanizan, demiurgos del sol negro y las nubes que peinan las ciudades como almas en pena, Trasladadas de un país a otro, de un paisaje a otra tierra; es indiferente. La vida, el hombre, se obstina siempre en ser el mismo: compasivo, y violento, amante y enemigo, buscadores sin tregua del cielo y del infierno, almas negras o rojas, fuego frío o hielo ardiente. Humanos son pues tus ángeles Wim Wenders como la carne viva de los hombres vivientes.


    Relámpago sobre el agua. Nicholas Ray, terminando sus días. Llegas al loft del Soho donde te aguarda esperando al barquero de la laguna Estigia. Nicholas parece un espectro de aquel que dirigiera " Los amantes de la noche ". Que hermosa letanía de silencios dolientes, la de rememorar junto a él sus películas, como testamento postrero, de un hombre sin cadenas. "Hombres errantes", te emocionó al verla, junto al Nicholas Ray, del que ya estaba enamorada la esposa más paciente, la que nunca abandona la sombra del que vive. Robert Mitchum cansado, molidos sus huesos de tantos rodeos, se baja pesadamente de un camión, renqueante llega a una casa abandonada, apenas una cabaña maltratada por el tiempo. Se tira al suelo, repta como una serpiente, mete la mano bajo sus maderas podridas, saca una caja. Dentro poca cosa, una vida, ya tan lejana para este hombre maduro y ya tan cansado de llevar el peso de su propio esqueleto. Poco tesoro hallado, una infancia perdida....; el revolver de un niño, varios comics ajados, un reloj parado en la hora exacta de la nada. Una escopeta de postas de dos cañones, insta a Mitchum a levantarse. Un anciano temeroso le grita: ¡ Qué hace usted en mi propiedad !. La mirada de Mitchum cansada, los párpados hinchados. Los huesos machacados. Sólo sabe esbozar balbuceante una frase: " Esta, sabe usted, era mi casa cuando yo era un niño..."
    Nicholas, cenizas al aire, entre cielos azules. La fuerza convertida en polvo enamorado. Un relámpago sobre el agua. La maravillosa o abyecta, la inevitable poesía de la muerte....

    (Juan Manuel Miranda)

    martes, 7 de agosto de 2012

    El Bergman más sensual-Un verano con Mónica

                        Un verano con Mónica- Ingmar Bergman


    Comprar Un verano con monica BLU RAY 
    Titulo original: Sommaren med Monika      Director: Ingmar Bergman      Actores: Harriet Andersson  Lars Ekborg  John Harryson  Georg Skarstedt  Dagmar Ebbesen  Bengt Eklund Año: 1953         


    Sinopsis

    Un verano con monica Monika trabaja en un mercado de verduras. Harry, un joven de 19 años, vive al lado. Un día van al cine y pasan la noche juntos en la barca del padre de Harry. Al día siguiente Harry es despedido. Los dos deciden dejar Estocolmo. Al principio las cosas son idílicas: toman el sol desnudos, beben, van a bailar pero Monika se queda embarazada. Se quedan sin comida y empiezan a robar en cabañas cercanas. Monika es arrestada pero logra escapar. Y ambos deciden volver a la ciudad...


    miércoles, 1 de agosto de 2012

             L'estate violenta-Verano Violento. El romanticismo desencantado de Valerio Zurlini

     

    Ficha de la película

    • Año: 1959
    • Género: Drama
    • País: Italia / Francia
    • Formato: Color
    • Duración: minutos
    • Título Original: Estate Violenta

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    Sinopsis: 1943. Carlo y su grupo de amigos pasan un verano entre bailes, excursiones y juegos en la playa. Viven en un mundo propio, en una crisálida de guateques y de pasatiempos de amor ajenos al horror de la II Guerra Mundial. Gracias a la influencia de su padre, Carlo se libra de entrar en el Ejército. Se enamora de Roberta, una mujer mayor que él y parece que la relación progresa de una manera clandestina. Roberta vive en un universo opresivo como una viuda de un héroe de guerra italiano, bajo la inquisitiva observación de su suegra, depositaria de la gloria de su hijo, el marido de Roberta. Pero este amor se ve truncado por la realidad insoslayable del conflicto bélico que pondrá punto final a este amor de verano violento. Imperdonable perderse, también de Zurlini; la maravillosa " La chica de la maleta ", con el duetto sublime Cardinale/Perrin; " Crónica familiar", " Il sorpasso" (La escapada), con un genial duelo Gassman-Trigtingant; así como la crepuscular  " La primera noche de la quietud". Un Delon hondo y meláncolico y una de las actrices más bellas que ha dado el cine y de más corta carrera, la actriz de origen ruso, Sonia Petrova, dan razones suficientes para visionarla. 


    ActorPersonaje
    Eleonora Rossi DragoRoberta Parmesan
    Jean-Louis TrintignantCarlo Caremoli
    Jacqueline SassardRosanna
    Cathia CaroGemma
    Lilla BrignoneMadre de Roberta
    Raf MattioliGiulio
    Enrico Maria SalernoEttore Caremoli

    Donde habita el peligro-la morbosa sensualidad del cine negro en estado puro

    DONDE HABITA EL PELIGRO (WHERE DANGER LIVES, 1950)

    Directed by
    John Farrow

    Writing credits
    (in alphabetical order)
    Charles Bennett screenplay
    Leo Rosen story

    Cast:
    Robert Mitchum ... Dr. Jeff Cameron
    Faith Domergue ... Margo Lannington

    Claude Rains ... Frederick Lannington

    Maureen O'Sullivan ... Julie Dawn
    Charles Kemper ... Postville Police Chief
    Ralph Dumke ... Klauber
    Billy House ... Bogardus, Postville J.P.
    Harry Shannon ... Dr. Maynard
    Philip Van Zandt ... Milo DeLong
    Jack Kelly ... Dr. James Mullenbach

    Produced by
    Irwin Allen .... associate producer
    Irving Cummings Jr. .... producer

    Original Music by
    Roy Webb

    Cinematography by
    Nicholas Musuraca (director of photography)


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    Un excelente film noir, obra de un director (John Farrow), que cuenta con más que notables pelis negras ("The big clock" (1948), "His kind of woman" (1951), etc), y distinguido y elevado a la máxima potencia por la rotunda y apoteósica fotografía en blanco y negro de Musuraca, genial operador de "La mujer pantera" (1942), o "Retorno al pasado" (1948).

    Yo tenía un satrip mío, con el doblaje clásico (con el clásico doblador de Robert Mitchum, que para mí, es incluso mejor que la voz del propio Mitchum, debido a su socarronería y autoparodia), así que se lo he sincronizado a este dvdrip estupendo de iMMORTALs, y para completar la fiesta, montaraz nos va a traducir los subtítulos ingleses
    .


    Zoom in (real dimensions: 787 x 600)Imagen
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    ...Por tanto, yo ya conocía y amaba esta peli negra. Probablemente habría que realizar un fascinante estudio sobre los personajes negros de Mitchum y sus inefables diálogos.

    Las frases de Mitchum en sus películas negras, son de una sorprendente inteligencia y condensación filosófica. En su típico papel de duro que se las sabe todas, pero que en realidad es un ingenuo (sobre todo con las mujeres), no ha habido actor que haya insultado o puesto en su sitio a las femme fatales, con mayor dosis de humor e inteligencia verbal.

    Así mismo, sus conversaciones con los personajes de los bajos fondos, no suelen tener desperdicio. A Mitchum pueden estar apuntándole con una pistola, y él, impávido, puede reírse de toda la situación, e incluso autoparodiarse, con frases como: "...desde luego, he envejecido mucho en los últimos cinco minutos!".


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    Por ello (y quizás, por el control que Howard Hughes ejerció sobre el actor, en su etapa negra), las películas de Mitchum forman una serie coherente, llena de riqueza dialoguística, que resulta insustituíble en la historia del cine negro.

    En cuanto a sus oponentes femeninas, quizá la más explosiva haya sido Jane Russel, pero en "Where danger lives" tenemos a la tan hermosa como interesante Faith Domergue.

    No obstante, un tercer actor, Claude Rains, casi se come la película, en su papel de viejo marido despechado, a pesar de aparecer sólo en una escena (aunque importante). Su actuación queda grabada en la mente del espectador.


    jueves, 26 de mayo de 2011

    Vidas rebeldes. Vidas malditas

    ("Vidas rebeldes") de John Huston
    Sinopsis
    "Vidas rebeldes", mucho más que una película, es una leyenda. Fue la última película que Marilyn Monroe rodó entera y su producción estuvo llena de calamidades. La mala suerte visitó a sus anchas este trabajo de John Huston sobre el que todavía hoy los aficionados se preguntan qué ocurrió en él realmente. Por lo que se refiere a su argumento, "Vidas rebeldes" es algo así como un choque de trenes psicológico, el que protagonizan tres personajes fronterizos, atormentados e incómodos a los ojos del espectador de esta dura historia de amores soterrados y venganzas larvadas, tres personajes interpretados por Marilyn Monroe, Montgomery Clift y Clark Gable. El rodaje, a las órdenes de John Huston, fue un verdadero desastre: un equipo médico hacía guardia permanente en el estudio para controlar a Clift y a la Monroe, quien podía demorarse varias horas antes de estar lista para salir a escena, mientras Gable, desesperado, ya no sabía qué hacer ni dónde meterse en los interminables tiempos de espera a los que se veía sometido diariamente. El por entonces ya más que maduro Clark Gable murió de un infarto 11 días después del final del rodaje. La película nunca terminó de gustar a los productores de United Artists y pasa por ser un título inacabado que, por razones industriales, fue terminado para rentabilizar la maldición que pareció haberse cebado en él: Gable, Monroe y Clift murieron antes del estreno de la película, la última que Marilyn rodó hasta el final de su papel.

    Aquella noche temblaban los cristales con el tráfico nocturno, mientras veía en la tele 'Los inadaptados', traducción literal del título de ese director tan polémico e irregular como inolvidable. Y una perfecta luna llena y la melancólica película de Huston eran mi única compañía en aquella noche imprevista.


    Una película cuyo blanco y negro oscila entre el gris sucio de Las Vegas y los radicales contrastes, espesos como tinta china, en las escenas del desierto y sus escasos y perseguidos caballos salvajes, destinados a convertirse en comida enlatada para perros. Seres indómitos como sus personajes, a pesar del duro precio que les cobra la vida por seguir siendo ellos mismos.

    Montgomery Clift (su penúltima película), Marilyn Monroe y Clark Gable (última película para ambos). En Gable su vieja naturalidad socarrona aparece empapada por el cáncer terminal, en forma de mirada alejándose del mundo y unos gestos de austero y gentil empaque.
    En Marilyn sus ojos son más tristes que nunca y la rodea una solitaria noche añil, con cierto olor a orquídea, a desierto, a tabaco y gasolina. Como en la escena (ver foto, abajo)en que sale tambaleándose de una fiesta, rechaza un beso en la puerta y un baile inocente, poderoso y roto surge involuntario y tierno de sus brazos lánguidos y del mar de sus piernas. Y acaba rodeando lentamente, en abrazo perfecto, el tronco de un árbol. Y allí se queda inmóvil, con una sonrisa delicada, casi frágil, respirando contra la madera viva, en un largo, pleno silencio.


    Tres personajes crepusculares, fuertes por pedir el máximo a la vida, libertad y amor, marcados al no conseguirlo. De sonrisa sin destino, pasos en la cuneta, ojos desolados y cuerpos que arden solos. Seres que están hechos para vivir, condenados a muerte por falta de escenario, de playas salvajes y compañeros de juego. Islas delicadas, como los últimos caballos salvajes, convertidas en leyendas malditas. Nadie olvida a este tipo de seres.
    Algunos les temen, otros les envidian, otros les condenan y unos pocos les admiran; pero siempre desde lejos. Y es que las personas excesivas son incómodas. Planos de tesoros, lámparas mágicas, corazón limpio y hondo, cuerpo con alma y laberintos, percibirán aquellos que se acerquen a su mirada. Pero, en general, y en palabras de uno de los personajes: "Siempre acabo en el mismo lugar en que empecé". Y es que si este mundo es para ellos, lo disimula muy bien.
    T.Duncan
    The misftists

    El eclipse: Los tiempos muertos en el cine de Antonioni. La humana geografía del vacío



    Michelangelo Antonioni

    (Ferrara, 1912). Siempre perdurará vivo



    Tras colaborar en el guión de "Un pilota ritorna" (1942) de Rossellini y trabajar como ayudante del director Marcel Carné, Antonioni rueda su primer cortometraje, el documental "Gente del Po" (1943-1947). Más tarde, debuta en el largometraje con "Diario di un amor robado (Cronaca di un amore)" (1950), agudo análisis de la crisis de una pareja. Siguen "La signora senza camelie" (1953), dura descripción del mundo del cine, y "Las amigas (Le amiche)" (1955), angustiosa adaptación de la hermosa novela de Pavese "Tra donne sole". En estos trabajos ya se perfilan claramente cuáles serán los temas del director de Ferrara: la dificultad para establecer relaciones auténticas entre las personas, la imposibilidad de comprender la realidad, y el desarraigo de los individuos ante una sociedad neocapitalista, fría y deshumanizada.
    En las películas siguientes, Antonioni se aleja de la simple crónica neorrealista, abandona los ambientes burgueses y empieza a narrar el malestar existencial en el mundo proletario. Rueda "El grito (Il grido)" (1957), que describe la trágica historia de un obrero que responde con el suicidio al dolor provocado por el fin de una relación amorosa.
    A continuación, Antonioni realiza "La aventura (L' Avventura)" (1960), "La noche (La notte)" (1960), "La eclipse (L'eclisse)" (1962) y "El desierto rojo (Deserto rosso)" (1964), películas con las cuales renueva con ímpetu el cine italiano, tanto en los contenidos como en la forma. Bajo la apariencia de historias policíacas atípicas, sus protagonistas femeninos describen la pérdida, la derrota, el desasosiego; en resumen, todo aquello que el mismo Antonioni define como "incomunicabilità".
    Sin embargo, Antonioni no siempre es capaz de controlar la materia que trata, quizás por ser demasiado instintivo o por disponer de una amplia cultura que le impide concentrarse.

    En cualquier caso, sus películas son desiguales y, al lado de éxitos indiscutibles, como "El grito (Il grido)", su obra más intensa y más lograda, o "La aventura (L'Avventura)", deslumbrante con sus imágenes y pausas, luces y ruidos, Antonioni rueda obras caducas, que repiten los temas y las situaciones anteriores, con diálogos que rozan el ridículo (en este sentido, es famosa la frase "me duelen los cabellos", pronunciada por Monica Vitti en "El desierto rojo (Deserto rosso"). Las películas siguientes, caracterizadas por una belleza aparente y excesivamente vistosa, repiten estos resultados desiguales: "Blow up - Deseo de una mañana de verano (Blow-up)" (1966) se rueda en Londres y narra una peculiar historia llena de símbolos fáciles y anacronismos del Swinging London; "Zabriskie Point" (1970) se rueda en Estados Unidos y representa una curiosa alegoría sobre los jóvenes y la contracultura, vistos por la mirada apocalíptica de un director de tramoya.
    Sólo en "El reportero (Professione reporter)" (1975) volvemos a encontrar la antigua maestría de Antonioni, sobre todo, en los siete minutos del estrepitoso plano secuencia conclusivoEn cambio, sus dos películas siguientes son una apostilla repetitiva, un doloroso retorno al lugar del crimen sin que el enigma sea resuelto. Así "El misterio de Oberwald (Il mistero di Oberwald)" (1980) es un fallido experimento sobre el color mientras que "Identificación de una mujer (Identificazione di una donna)" (1982) es un intento de abordar nuevamente el tema de la "incomunicabilità".
    Con la perspectiva actual, el cine de Antonioni se nos presenta irremediablemente efímero: sin seguidores que hayan sabido desarrollar los aspectos menos caducos de su lección (como el uso innovador del lenguaje cinematográfico y la lucidez desesperadamente laica de su mirada), su filmografía es solamente el estéril testimonio de una personalidad inconfundible, para el bien y para el mal.




    "El eclipse: la geografía de la nada. M. Antonioni"[/align]

    Desde los inicios del arte cinematográfico el establecimiento del espacio tanto
    en el aspecto matérico (el fotograma sólo y en conjunción con los que le
    siguen), como en el visual y sonoro (centrándonos fundamentalmente en el
    ámbito del denominado cine de ficción clásico), parece no tener otra función
    que la de contener todo lo que con posterioridad desfilara en la pantalla para
    deleite del espectador. Esta supuesta paradoja de la creación de un espacio
    con capacidad de anular su existencia o amortiguar su presencia en función de
    la supremacía de la narración de hechos y eventos, promulgada y sancionada
    a lo largo de los primeros tres decenios del siglo XX por la industria norteamericana,
    es puesta en jaque por el film del que pretendemos ocuparnos. Tal diatriba
    propugna una serie de reorientaciones en la experiencia estética del
    espectador clásico (1) que se acerque a la obra de Antonioni en general, y en
    concreto, al film que clausura su célebre trilogía de la incomunicación, El eclipse (2).
    Si la intención inicial de nuestras reflexiones es realizar una exégesis sobre
    dicha obra para su inclusión en un corpus de textos sobre los espacios públicos,
    también debemos establecer que esta idea germinal no será más que una
    mera excusa para abordar una nueva manera de concebir el espacio fílmico;
    opción generada por una nueva aptitud ante la narración cinematográfica:
    ante lo que se narra y cómo se narra.
    El eclipse, al igual que sus dos predecesoras, es un trabajo sobre la topografía
    de los sentimientos, sobre la incapacidad de los individuos para vehicular
    sus emociones, y su discapacidad para comunicarlas. Estas coordenadas
    temáticas son explicitadas al inicio del film en la secuencia entre Vittoria y
    Ricardo. En el interior de una vivienda el espectador asiste a la ruptura de una
    pareja. La puesta en forma de este hecho, dista mucho de la configuración
    narrativo-espacial generada por el modelo de narración clásico. Antonioni
    adopta en El eclipse una estructura formal que se encuentra en las antípodas


    de lo que conocemos como clasicismo, ¿podemos considerar como canónica
    una gestión del encuadre y una posterior edición de imágenes, que como establece
    Núria Bou (3), rechace el plano contraplano como medio para la concreción
    pasional de los personajes? ¿acaso contempla este modelo la posibilidad de la
    inacción de los personajes, la anestesia emocional, el deambular sin rumbo
    cual espectros que solamente pueden aspirar a un status epifánico casi constante
    y a su posterior desaparición en un espacio de marcada referencialidad
    realista?
    Responderemos a estas cuestiones con un rotundo no, para a continuación
    intentar precisar el alcance de esta negación en los niveles estéticos que pretextan
    la gestación de este texto. Retomando la escena inicial en la casa de
    Ricardo, podemos inferir que nos hallamos ante una configuración del espacio
    fílmico que, aunque de marcado e incluso sublimado carácter realista, propone
    una ruptura diáfana del espacio clásico. La gestión del encuadre y el particular
    uso del montaje, mediante la anulación de la figura canónica de la sutura
    de miradas, el plano contraplano, y el cambio operado en el uso del fuera
    de campo y el plano subjetivo, generan una escena prototípica de un espaciotiempo
    nuevo, y por lo tanto de otra forma de relato. La utilización de estos
    recursos promueven una narración en la que el espacio va a alcanzar un status
    dramático privilegiado y posiblemente único en el cine de ficción.
    Detengámonos brevemente en la elisión de estas figuras canónicas. El rechazo
    del plano contraplano produce en el seno del relato la imposibilidad del
    encuentro entre las miradas de los personajes; la anulación de la primordial


    figura clásica para vehicular y establecer la pasión amorosa, a través del uso
    de los primeros planos encadenados de unos ojos que miran a unos ojos que
    los miran (retomando a Núria Bou). Los personajes no encuentran respuesta
    en el otro, abismándose, de esta manera, en un constante ir hacia un más allá,
    una suerte de plus ultra temporal, de vacío existencial. Si la ausencia de esta
    figura de montaje sume al personaje en el vacío, el otro coadyuvante que
    refuerza esta situación, será el uso particular de un fuera de campo que al
    hacerse presencial revela la importancia simbólica de los objetos; vulnerando
    el estatuto profilmico del clasicismo (en el que el espacio del plano, su fuera
    de campo y su contenido no humano, adquiría la función de contextualizar y
    hacer verosímil las acciones y avatares de los personajes, auténticos generadores
    de la progresión dramática del relato).
    Ante esta novedosa propuesta, en la que la lógica secuencial en sus marcos
    espacio-temporales (4) adquieren carta de diferente naturaleza, de nuevo orden
    para configurar el universo del film a nivel estético y argumental, surge inevitablemente
    la siguiente cuestión ¿cuál va a ser el vector sobre el que se edifica
    el relato? El espacio: figura que vertebra la progresión de la narración configurando
    un nuevo orden dramático conducido por las figuras de la suspensión
    y el vacío.
    Si el propio título del film, remite a la opacidad emocional de los personajes y
    a su aislamiento, no se revelará entonces el espacio (como contenido y no sólo
    como continente) como la única vía posible para realzar esa singladura errática,
    ese deambular constante hacia la nada. Un constante caminar sin rumbo
    que se materializa en los infinitos juegos de llenos y vacíos del plano, en esas
    constantes epifanías y desapariciones de los personajes en estancias de viviendas,
    calles, parques, avenidas, espacios de tránsito (puertas, escaleras) en los
    que al igual que espectros no dejan constancia de su presencia, de su no vivir.
    Espacios desertizados, huérfanos de la figura humana tanto en su presencia
    como en su ausencia; topografías que adquieren entidad por sí mismas, que
    relevan una densidad significante pocas veces alcanzada en el cine de ficción,
    que remarcan su referencialidad realista, su identidad respecto al mundo, al
    orbe de los seres que lo transitan.
    El eclipse revela un universo en el que los espacios privados (entendamos
    como tales las viviendas) se encuentran siempre vulnerados por el exterior
    a través de esos lienzos de cristal, de ventanas que permiten la permeabilidad,
    la conexión de ambos mundos; denotando la condición
    espectatorial del personaje, de individuo que mira el mundo sin participar del
    mismo, negando la acción en todo momento. Esta indiferenciación exteriorinterior
    es la que posibilita la plasmación de esa inestabilidad, de ese paradójico
    movimiento sin acción, cinética inerte que define a los personajes y que
    se plasma en esas incorporaciones a medias en el campo visual, en las constantes
    posiciones de espaldas a la cámara, en los significativos apoyos de
    Vittoria en elementos de la arquitectura interior o exterior (marcos de puertas,
    columnas, paredes...) etc., cimentando, más si cabe, ese estatismo.
    Dado que el espacio se erige como el aglutinador de la dramaturgia, nos
    encontramos con la insalvable paradoja del cambio, de la permutación de las
    doctrinas centristas. Si para el cine clásico, de marcada tendencia antropocentrista,
    el personaje es el centro del universo diegético, Antonioni parece promulgar
    un nuevo universo: en el que la transitoriedad de la existencia humana,
    no sólo es relegada, sino más bien reafirmada (en su precariedad existencial)
    por la perdurabilidad del espacio como tal. Figura que adquiere dimensiones
    casi metafísicas en la sucesión de planos con los que se cierra el film, imágenes
    de objetos, construcciones y personas que potencian la trascendencia
    temporal del espacio, y de su contenido, lo material, lo perdurable, como contraste
    respecto a la insignificancia de la fugaz existencia del hombre moderno.
    Los seres que pueblan (o despueblan) los films de Antonioni son siempre
    espectadores desde una ventana, abierta al desgaste de la temporalidad
    vital.



    (1) Es pertinente recordar que al igual que sucede en otras manifestaciones artísticas, el establecimiento de un modelo canónico en el seno de un arte (industrial en este caso) genera en el ámbito de la recepción un espectador modelo, fruto de la experiencia adquirida a lo largo de su interacción con esa maniera de gestar un corpus artístico.
    (2) La aventura (L'avventura, 1960 ) y la Noche (La notte,1961)
    (3) Nuria Bou: "Plano/Contraplano: de la mirada clásica al universo de Michelangelo Antonioni", y "Michelangelo Antonioni: Arquitectura de la Visión", edición bilingüe italiano-castellano.
    (4) Esta vulneración de la norma se evidencia en la ausencia de aplicación los principios de causa y efecto para la concatenación de las diferentes secuencias que componen el film. Es necesario observar el cambio de vestuario de los personajes para colegir la inexistencia de la lógica causa-efecto-espacio-tiempo inherente a la narración clásica.

    Fuente:http://www.artnotes.info/archivonoticias/cultura_3.htm

    Akira Kurosawa: la tetralogía de cine negro del maestro del cine japonés

    De la ingente obra de ese cineasta, monstruo de creatividad que fue el director japonés Akira Kurosawa, quisiera en esta entrada, destacar su maravillosa incursión en el mundo del cine negro. Kurosawa, lo abarca todo, desde adaptaciones al mundo japonés de clásicos shakespirianos, Ran (Ley Lear) o Trono de sangre (Macbeth), a la no menos brillante traslación de " El Idiota" de Fedor Dostoievski; a las obras más genuínas y enraizadas en la cultura de su propio país, como Rashomon, Sanjuro, Johimbo o Barbarroja.
    Hoy quiero hacer mención especial, en una faceta extraña y a contracorriente llevada a cabo por Kurosawa en el ámbito del cine de su país; me refiero a su incursión en las ciénagas y turbias aguas del cine negro. Kurosawa en sólo cuatro películas, en una tetralogía inolvidable, levanta. hierge poderosas, las bases de un cine negro estrictamente japonés. Utilizando materiales tan diversos como, el neorralismo italiano (Rosselini, De Sica, Visconti), el realismo poético francés (Marcel Carné, René Clair), al mejor, más realista, auténtico, y despojado de los corsés y falsos oropeles y clichés manidos, de los más bellos y austeros filmes sobre el mundo de la delicuencia de la cinematografía norteamericana ( Howard Waks, Fritz Lang y Raoul Walch, entre otros)
    Los cuatros filmes que integran dicha tetralogía del cine de los bajos fondos japonés, y que en sí misma, sólo con estas cuatro cintas, ya pone en pie este género el maestro Kurosawa en su país son: El perro rabioso; El ángel ébrio; Los canallas duermen en paz; y el Infierno del odio.

    De ellas mi preferida es la primera: el perro rabioso. Aunque todas y cada una de estas películas, se consagran como verdaderas obras maestras del séptimo arte.




    El perro rabioso (1949), filme, en el que Kurosawa cuenta con la participación de sus dos actores fetiches: Toshiro Mifune y Takashi Shimura, cuenta con el paisaje de un desolado Tokyo de la inmediata postguerra (lazo de unión directa con la "Roma ciudad abierta" de Rosselini, o " El ladrón de bicicletas de De Sica". Narra la frenética búsqueda de un joven detective, Mifune, acompañado de un veterano policía, Shimura, en los bajos fondos de la capital de Japón, para encontrar el arma reglamentaria del primero, robada al joven agente, en la vorágine de la subida a un tranvía. Cada bala del cargador de la pistola de Mifune, supone una víctima, y cada víctima, recae sobre el concepto ético del honor, sobre la responsabilidad del agente que descuidadamente se dejó robar el arma, como una herida sin redención posible. Un código de honor, casi de samurai, un código Bushido, implacable con los propios errores, y el deshonor que conlleva dicho error, convierte la vida del agente que interpreta Mifune en un infierno dantesco, en un tormento existencial. Todo ello, en el marco axficiante del tórrido calor del verano húmedo de Tokyo. Calor y sudor que sientes y palpas en tu propia piel, al contemplar la película.


    Plena de escenas inolvidables, podemos destacar, los títulos de crédito, con la faz de un perro rabioso, en primer plano, exudando la espuma de la rabia por la boca. Asimismo esa escena final, entre los árboles de un bosque, en el que Mifune cara a cara con el portador de la pistola, y mientras desde una casa cercana, como en otro mundo, se escucha a una mujer, desgranar las delicadas notas de una pieza al piano, Mifune hace disparar las últimas balas del cargador de su colt reglamentario robado al delincuente; asesino que a la postre devenido como el perro rabioso.

    En uno de los disparos, Mifune resulta herido, y en ese instante, surge el sello de marca del maestro japonés; la unción perfecta entre violencia y poesía. Mifune, herido en un brazo, deja descender como una lluvia roja, las gotas de sangre. Desde sus dedos empapados, caen lentamente sobre los pétalos de una blanca margarita, que se tiñe de rojo y vibra, como bajo la lluvia, al sentir descender sobre ella la sangre caliente de un Mifune agotado.

    El ángel ébrio, es otra cumbre del cine negro de todos los tiempos. De nuevo Mifune y Shimura se encuentran cara a cara. El primero como un hampón de medio pelo, chulo de prostitutas, y emperador de su micromundo, su pequeño entorno de miseria, que constituye el reino de su barrio. Shimura es un médico alcoholizado (de ahí el título de la película); y entre ambos, de nuevo el neorralismo presente; una charca inmunda y pestilente, que extiende las infecciones y la tuberculosís por todo el barrio. Mifune se cree invulnerable, poderoso en su trono de charcas y pobreza, hasta que cae enfermo por el caballo desbocado de la tísis. Y ya enfermo y débil es despojado de su poder, por los seres cobardes que gobernaba, y que ya moribundo, no le temen. En ese momento, surge, la escéptica, la amargada, la derrotada pero generosa figura del médico Shimura, el ángel ebrio. Pozo de innumerables escenas antológicas también, me queda prendida en la memoria, el sueño casi surrealista, en las profundidades de la fiebre, de un Mifune, que se sueña a la orilla de un mar inmenso, con una barca que a sus ojos hipnóticos deviene en una especie de ataud que le aguarda paciente pero inexorablemente.


    Los canallas duermen en paz, describe la trama, metódica, deliberada y perfectamente diseñada, del hijo ( de nuevo grande Mifune) de un empresario de una gran corporación, suicidado por un imperativo moral, contra toda la cúspide de la organización que impelió a su padre al suicidio. Un Mifune, en otras películas, una fuerza de la naturaleza expresiva, a la manera de un Marlon Brando japonés, pasea por esta cinta de venganza, escueto en palabras, sobrio en gestos, contenido hasta el último rictus, en su carrera lenta pero imparable hasta la venganza final. La cual nos lleva a una decepcionante conclusión moral; el mal, el poderoso, siempre acaba venciendo, y los canallas terminan esquivando la justicia de la vida, y duermen y mueren en paz en sus lechos culpables.

    Por último: " El infierno del odio ", con otra interpretación austera pero antológica de Mifune, nos pone antes nuestras miradas y nuestras almas, la infernal alternativa , el imperativo moral, de un rico hombre de negocios, en trato para ampliar su empresa a cambio de una fuerte suma de dinero; tras el secuestro del que cree que ha sido víctima su hijo. Los secuestradores piden un rescate. Curiosamente la misma suma de dinero que trabajosamente consigue reunir de los bancos para anexionarse a la otra empresa. Pero los secuestradores han cometido un error, no han secuestrado al hijo del rico industrial, sino al de su chófer. No obstante su error, piden la mima cantidad a cambio de la vida del hijo pequeño de su empleado. Mifune se debatirá entre el valor de una vida humana, la de un niño, sea quien fuera, o su propia ambición personal de cimentar su emporio industrial y económico.

    (Juan Manuel Miranda)

    Andrei Tarkovsky cine y espiritualidad




    "Religión, filosofía y arte -los tres pilares sobre los que descansa el mundo- fueron inventados por el hombre para condensar simbólicamente el infinito". Hijo del poeta Arseni Tarkovsky, recibió una esmerada educación basada en la música y en la lectura de los humanistas italianos. Desde muy joven se interesó por la literatura y la pintura y aprendió lenguas orientales. Se inscribió en la Escuela de Cine VGIK bajo la enseñanza de Mijaíl Romm; sus compañeros de clase y amigos eran Sergéi Parajanov y Mijaíl Vartanov. Su primer film es "La infancia de Iván" (1962), que ganó el León de Oro en el Festival de Venecia. Su siguiente película ya contenía todo lo que Tarkovsky podía dar: épica y espiritualidad, planos de enorme belleza, una filosofía de la historia y del ser. Pero esta película también supuso el primer de sus tropiezos con las autoridades soviéticas, que le acusaron de esteta y reaccionario. Después rodó "Solaris", "El espejo" y "Stalker", considerada su obra maestra, todas ellas con mucho esfuerzo. Tras ella se exilió en Italia, donde rodó "Nostalgia". Gravemente enfermo, y con la ayuda financiera de algunos amigos, consiguión acabar "Sacrificio", muriendo de cáncer de pulmón poco después. "No soy un profeta. Soy un hombre al que Dios ha dado la posibilidad de ser poeta, es decir, de orar de otra manera a como se hace en una catedral"